>El poder en las Relaciones Internacionales: perspectiva para sistema internacional actual

>Introducción
Es difícil especificar a qué nos referimos al hablar de relaciones internacionales. Dar al concepto una definición como “relaciones entre estados”, “relaciones entre países” o aún “relaciones entre naciones” es incluir en una sola frase todas las interacciones que se dan entre ciudadanos, habitantes, gobiernos, empresas y cualquier tipo de persona u organización, en las cuales las partes habiten en el territorio o sean parte de distintas naciones. Si trasladamos el concepto al ámbito académico, encajándolo en la Ciencia Política, podemos arribar a una definición un tanto más clara y útil. Las relaciones internacionales son aquellas interacciones que involucran al Estado con entes afuera de su esfera jurídica, es decir, actores del sistema internacional, entendidos estos como otros estados, organismos internacionales, personas y organizaciones sometidas a un estado distinto o a un organismo supranacional.
Estas interacciones que llamamos relaciones internacionales se enmarcan dentro del ámbito de la Ciencia Política por que son eminentemente políticas en dos sentidos:
1. El acontecer en el ámbito internacional está, en general, amarrado a las decisiones de los Estados.
2. Las relaciones internacionales llevan implícitas las relaciones de poder.
Al entender las relaciones internacionales como relaciones políticas, tenemos entonces una perspectiva que nos permite explicar las acciones de los Estados en sus relaciones con el sistema político internacional. La decisión de apoyar o no una resolución en la ONU responde a motivaciones políticas. La invasión del territorio de un Estado vecino puede tener una motivación económica, pero no se da sin una decisión que se toma en el ámbito político, es decir, del Estado y de los bloques de influencia y de poder. En el ensayo que sigue, intentaré dar una explicación al ejercicio del poder en el sistema político internacional.
1. Definición del poder de un Estado
El Estado es, por definición, una institución creada con el propósito de ejercer el poder. Tomando como punto de referencia el deber ser, diríamos que es una institución creada en el seno de la sociedad con el fin de ejercer poder para facilitar el “bien común”. Para ejercer dicho poder de manera eficaz, el Estado ejerce su autoridad mediante el uso legítimo de la fuerza. Esta autoridad, sin embargo, se legitima de distintas formas. Entre ellas podemos encontrar los procedimientos legales (es decir, el hecho de que una decisión política esté normada la hace más aceptable) y, lo que a mi criterio es mucho más importante, las construcciones culturales de la sociedad. A través de la cultura, los ciudadanos obtenemos patrones de conducta que rigen nuestras relaciones sociales. Entre estas relaciones sociales se encuentra la aceptación y legitimación de la autoridad. Tenemos entonces que, para ejercer el poder, evitando dentro de lo posible utilizar la fuerza, el Estado busca crear idearios colectivos entre sus ciudadanos que los predispongan legitimar las decisiones políticas. Sin embargo, dado que cada sociedad está conformada por una repetición indefinida de individuos, la legitimidad de un Estado está sujeta a un número indeterminado de percepciones. Es decir, no existe decisión política que vaya a ser aceptada por unanimidad, dado que en las sociedades sujetas a la autoridad de los Estados modernos, lo intereses son infinitamente diversos, y es precisamente esta diversidad de intereses la que presiona a los individuos a entrar en conflicto unos con otros. Es aquí don del Estado ejerce su poder de manera más frecuente, pues hace uso de la fuerza para mitigar los conflictos que surgen bajo su jurisdicción. Esto, bajo la asunción de que el Estado cumpla con su cometido, pero recordemos que seguimos en el ámbito del deber ser. En la realidad, el Estado puede fallar en su cometido de garantizar el bien común, actuando muchas veces en virtud de intereses privados. Esto puede deberse a la incapacidad o falta de voluntad del Estado para tomar acción en la solución de conflictos, o a la cooptación del mismo por parte de grupos privados y su instrumentalización con el fin de satisfacer el interés particular.
En este sentido, las políticas públicas, entendidas estas como proyectos y actividades que un estado diseña y gestiona a través de un gobierno para satisfacer una necesidad en la sociedad elaboradas y ejecutadas por un Estado estarán en función de la agenda de gobierno. Esta agenda estará, a su vez, determinada por varios factores, entre los cuales están los intereses representados en el gobierno; las posibilidades (financieras, por ejemplo) de ejecutar o no, uno u otro programa; y los límites de acción del Estado con respecto a los grupos de presión y de interés ajenos a él.

De la misma manera, la política exterior de un Estado, entendida como la política pública que define los lineamientos para su accionar en el plano internacional , estará determinada por la agenda de gobierno, la cual estará a su vez definida por los intereses representados en el gobierno y las posibilidades de acción del mismo, ahora en el sistema internacional.

Los intereses particulares, convertidos a través de la política en intereses públicos, se convierten, a través de la política exterior, en interés nacional. El interés nacional es definido por Renouvin y Duroselle como el resultado de las elecciones, conscientes o inconscientes, en torno a los objetivos de la política exterior. En el mismo texto, elabora sobre la imposibilidad de determinar un interés nacional objetivo:

“En torno nuestro vemos sociedades humanas infinitamente complejas y diversificadas, divididas no sólo en “clases”, sino en “grupos de intereses”, y comprobamos constantemente que las aspiraciones de esas clases y de esos grupos son a menudo contradictorias. […] Dentro de un mismo Estado, la contradicción entre los intereses de los grupos y de los individuos es tal que uno se niega a admitir la idea de un interés nacional objetivo”

Partiendo de esta idea, la política exterior de un Estado no puede nunca definirse en función de un verdadero interés nacional, dado que el interés nacional, como tal, no existe. Lo que generalmente llamamos (y para los fines de este ensayo, llamaremos) “interés nacional”, no es más que la suma, y en algunos casos la conciliación, de los diversos intereses privados, particulares, corporativos y sociales que inciden en la agenda de gobierno.
Sin embargo, existen intentos válidos de definir el interés nacional independientemente de los intereses que conformen la agenda pública. El interés nacional de un Estado puede definirse en torno a su posición política en el sistema internacional. De acuerdo al Coronel John W. Montcastle, Director del Strategic Studies Institute del Ejército de EEUU en el prefacio a la monografía National Interest: From abstraction to strategy, de Michael G. Roskin,

“The “national interest” is a composite declaration derived from those values that a nation prizes the most – liberty, freedom, security. Interests are ussually expressed in terms of physical survival, economic prosperity and political sovereignity”

Más adelante, Roskin utiliza a Hans Morgenthau para explicar las motivaciones detrás de las decisiones políticas de un estadista en sus relaciones internacionales. A su criterio, el estadista se pregunta si el paso a tomar fortalecerá o debilitará el poder de su Estado.

“The foreign policy of any state -no matter what its “values”- can thus be judged rationally and empirically. It matters little whether the national values are Christianity, Communism, Islam, or vegetarianism. Only one question matters: Is the statesman acting to preserve the state and its power? If so, his policy is rational.”

Al intentar conciliar ambas posturas, una sobre la existencia de un interés nacional racional y objetivo, y otra sobre la inexistencia de dicho interés frente a la suma de intereses a lo interno de una nación, nos topamos con que ambos puntos de vista parecen mutuamente excluyentes. Sin embargo, la explicación que los hace complementarios está en que en la medida en que el Estado tenga la suficiente fortaleza para tomar decisiones de interés público, la tendrá para tomar decisiones de interés nacional. En este sentido, un Estado débil tendrá dificultades para formula runa política exterior que lo fortalezca en el sistema internacional, y en cambio, la definirá en función de intereses privados que no necesariamente serán compatibles con su búsqueda de soberanía, libertad, o bienestar económico general.

2. El Sistema Mundial

El sistema mundial es el conjunto de elementos que intervienen en las relaciones internacionales a nivel global. La manera en que estos elementos interactúan se basa en sus relaciones de poder, y de esta forma determina la coyuntura mundial. Esta interacción se da, sobre todo, alrededor de la búsqueda de la hegemonía. El concepto de hegemonía se refiere, en este contexto, a la supremacía de un Estado sobre otro. De manera más elaborada, se refiere a una serie de estructuras basadas en cambios en la organización social de la economía mundial, mantenidas por una mezcla de relaciones políticas de consenso y de conflicto.

¿A qué viene esta búsqueda de hegemonía? Si tomamos en cuéntalo descrito en la sección anterior en cuanto al interés nacional desde el paradigma realista, la razón se encuentra en el interés nacional. El caso es que cada Estado se dedica a velar por su propio interés nacional. Esto, de acuerdo a Roskin, es lo más moral que se puede hacer, dado que la intervención en los asuntos de otro Estad muchas veces es motivo de guerra, mientras que las colisiones que pueden darse entre dos Estados, con conflictos en cuanto al interés nacional de cada uno, pueden resolverse a través de la diplomacia. Sin embargo, en su afán de defender el interés nacional, es decir, de preservar el Estado y el poder, los Estados tienden a ordenarse en cuanto a la capacidad que tienen unos u otros de mantener este poder. De aquí deducimos que, por ejemplo, la hegemonía actual de EEUU no se debe a un intento de establecer un orden mundial bajo su tutela, sino a preservar su razón de Estado frente a amenazas cada vez más hostiles, y a la incapacidad de los demás Estados de seguirle el paso.

Cuando un Estado ejerce hegemonía sobre el sistema mundial, decimos que es una potencia mundial, o superpotencia. Decimos que un Estado es una superpotencia cuando ejerce influencia hegemónica en los aspectos: económico, cultural, político, ideológico y militar. No es necesario que la hegemonía se de en todos estos aspectos, pues en muchos casos, el dominio político, ideológico y cultural se desarrollará como consecuencia del dominio económico o militar.

De acuerdo a la configuración de las superpotencias, podemos crear una tipología para clasificar las diferentes configuraciones del sistema mundial a lo largo de la historia. De esta forma, tenemos tres tipos de sistema mundial:

• Unipolar: Se refiere a la hegemonía de un solo Estado sobre los demás. Se dice que Estados Unidos ejerció la hegemonía en un sistema mundial unipolar desde el final de la II Guerra Mundial, en 1945, y aunque es sumamente arriesgado establecer un final definitivo, podemos decir que esta etapa histórica duró hasta la retirada de Vietnam, lo que demostró los límites de su poderío, cediendo paso a una segunda superpotencia.
• Bipolar: Se refiere al caso en que dos superpotencias se disputan la hegemonía mundial. El caso más obvio es el período de la Guerra Fría, en el que EEUU y la URSS se enfrentaron, sobre todo en materia política y militar. Si bien americanos y soviéticos nunca se enfrentaron directamente, se disputaron la influencia política en Europa, llegando a conformar, respectivamente, la OTAN y el Pacto de Varsovia. Asimismo, intentaron tomar el control de la mayor cantidad de países del llamado Tercer Mundo.
• Multipolar: Se refiere a un sistema mundial en el cual la hegemonía se disputa entre varios “polos”, que pueden o no estar claramente definidos.

Establecer si en un momento histórico se vivió en uno u otro tipo de sistema mundial puede llegar a ser sumamente complicado. Cabe hacer constar que en diversos períodos históricos existen sistemas mundiales de transición entre una configuración de superpotencias y otra.

3. Análisis y perspectiva sobre el sistema internacional actual

Desde el fin de la Guerra Fría, a principios de los años 90, el sistema mundial se encuentra en una etapa de transición. De hecho, al caer la Unión Soviética y desbaratarse el bloque socialista, EEUU permaneció como la única potencia mundial, en un sistema unipolar. Sin embargo, se han dado varios procesos que hacen que el mundo tienda hacia la multipolaridad.

La razón detrás de esto es la globalización. El aspecto económico de la globalización es determinante en la conformación de un mundo multipolar, por una razón muy específica: los Estados hoy tienden a integrarse en bloques regionales para encarar el mercado mundial de manera más competitiva. Tal es el caso, por ejemplo, de la Unión Europa. Hoy por hoy, la Unión Europea es una potencia económica, política, y cultural, pues está formado por países poderosísimos en estos ámbitos, como es el caso de Alemania, Gran Bretaña y Francia. En otras regiones podemos encontrar casos similares. La ALBA (Alternativa Bolivariana para América) que actualmente incluye a países de Centro y Sur América, presenta como su fin la cooperación entre sus miembros, pero tienen una fuerte carga ideológica, y en algunos casos, comercial. Es importante mencionar que, entre los países miembros, Ecuador, Bolivia y Venezuela, tienen un alto potencial estratégico debido a sus grandes yacimientos de petróleo y gas natural.

En el ámbito comercial también encontramos a la Comunidad del Caribe (CARICOM) formada con un trasfondo comercial, pero que actualmente actúa en bloque en negociaciones diplomáticas. Es sabido que su actuación en conjunto fue determinante para que Guatemala (el candidato predilecto de EEUU) perdiera el asiento temporal en el Consejo de Seguridad de la ONU, en una muestra de solidaridad hacia Belice, un miembro que mantiene un diferendo territorial con Guatemala.

Existen, sin embargo, otros grupos que no necesariamente conforman grupos regionales, pero que pueden, eventualmente, convertirse en polos del nuevo orden mundial. Tal es el caso de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP): Esta organización, conformada por Iran, Kuwait, Iraq, Arabia Saudita, Venezuela, Qatar, Indonesia, Libia, Emiratos Árabes Unidos, Algeria, Nigeria, Ecuador y Angola, coordina de manera hábil la mayor parte de la producción mundial de hidrocarburos, constituyéndose uno de los organismos multilaterales más poderosos de la actualidad.

A mi criterio, en el futuro, el sistema mundial continuará tendiendo hacia la multipolaridad. Los polos serán de tres tipos:

• Organizaciones regionales, como CARICOM y UE, en las cuales los miembros compartirán intereses comerciales, posición geográfica, factores étnicos y culturales, y orígenes históricos comunes (esto da un alto sentido de identidad, que resulta determinante en la fortaleza de las alianzas en dichas organizaciones)
• Organizaciones “oligopólicas”, como el caso de la OPEP, de países que controlan la producción de un bien escaso y necesario para el sostenimiento de la economía mundial. A este tipo podríamos agregar, en un futuro no muy lejano, los países con mayores yacimientos de agua dulce, que, de lograr organizarse de manera efectiva, podrán formar un polo poderoso de cara al cambio climático y al aumento poblacional.
• Organizaciones aliadas con potencias nucleares, pues los países con disponibilidad de armamento nuclear tienen una ventaja grandísima en las negociaciones con países que no la tienen. Es probable que cada uno de los tipos de polos anteriores intente asegurarse el favor de al menos una potencia nuclear.

4. Análisis final y conclusiones

El sistema mundial actual ha tendido hacia roto con los paradigmas existentes hasta ahora en el análisis de las relaciones internacionales. No se puede hablar actualmente de un mundo netamente unipolar, bipolar, o multipolar. Tampoco podemos constatar que el realismo haya quedado obsoleto frente al globalismo, sobre todo al tomar en cuenta que la interdependencia no es reconocida por las grandes potencias, como EEUU que selló su propia crisis económica con la invasión a Iraq. Sin embargo, sí podemos afirmar que la escasez de recursos determinará la política internacional durante los años venideros. Es entendible, desde este punto de vista, la conformación de alianzas multilaterales de índole cada vez más variada. Habrá que esperar para conocer la forma en que configurará el mundo.

La diversidad de alianzas propone dos preguntas, muy relacionadas, en el diseño de política exterior, para todos los Estados del mundo: “¿Hacia donde están nuestra lealtades?” y “¿Quiénes son nuestros aliados?”.

Bibliografía
• Lahera, Eugenio. Política y Políticas Públicas. CEPAL. Santiago de Chile, 2004.
• ElPeriódico, 23/06/06. http://www.elperiodico.com.gt/es/20060623/actualidad/29076/
• National Interest: From abstraction to strategy, de Michael G. Roskin. Strategic Studies Institute. EEUU. 1994. http://www.strategicstudiesinstitute.army.mil/pdffiles/pub356.pdf
http://www.opec.org
http://www.alba.org
http://www.caricom.org

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