Descanse en paz, Pollo Ronco

Hoy, en Punta de Palma, Izabal, fue capturado el controversial expresidente de Guatemala, Alfonso Portillo Cabrera. Este pintoresco personaje, quien por su tono de voz se hiciera merecedor al mote de Pollo ronco, es recordado en Guatemala por las escandalosas acusaciones de corrupción disparadas por la prensa durante su gobierno. Es también recordado por sus enfrentamientos con lo que llamó “la supercúpula empresarial”, en especial con directivos de las cámaras empresariales como Jorge Briz y Juan Luis Bosch.

Portillo es uno de esos políticos tropicales que encierran contradicciones dignas de un personaje de García Márquez. Contrasta el cuadro de su campaña electoral, en donde aparece vestido de botas, sombrero y camisa a cuadros, jactándose de haber defendido su hombría en una pelea de borrachos que terminó convirtiéndolo en asesino de dos mexicanos, con el del doctor en Ciencias Económicas de la UNAM, con un gusto particular por los relojes finos y las películas de Akira Kurosawa.

Sí. El Pollo ha estado en todo. Desde organizaciones políticas indígenas en México, pasando por el Ejército Guerrillero de los Pobres en Guatemala, llegando hasta un asiento en el Congreso por la Democracia Cristiana Guatemalteca. La carrera política de Portillo alcanzó la cumbre cuando en 1999, impulsado por el Frente Republicano Guatemalteco del exdictador ultraderechista que además es pastor evangélico, Efraín Ríos Montt, alcanzó la presidencia de Guatemala. De ahí, todo fue en bajada.

Sus enfrentamientos con la oligarquía nacional se dieron por decisiones de política económica. Temas tales como el aumento al salario mínimo, los intentos de reforma fiscal, o la reducción de aranceles del pollo y la harina, causaron una enardecida respuesta una clase empresarial acostumbrada a un proteccionismo amparado por la obediencia histórica de la clase política. Su gestión se vio amenazada desde los primeros meses por rumores de golpe de estado. Existía en aquella época un chiste popular: ¿En qué se parecen Portillo y la Semana Santa? En que ambas caen antes que se acabe abril.

Sin embargo, y a pesar de su enfrentamiento con la plutocracia guatemalteca, Portillo no cayó. Completó su gobierno, amparado por una comunidad internacional vigilante de la aún no consolidad democracia guatemalteca. Se apoyó en el aparato clientelar que es el Ejecutivo, para granjearse el apoyo popular a base de fertilizante y semillas subsidiadas. Político hábil, tomó decisiones clave en su trato con la cúpula militar, rotando los altos mandos numerosas veces durante su gobierno. Y soportó la presión internacional para disolver el Estado Mayor Presidencial, hasta el final de su gobierno, evitándose así mayores enfrentamientos con los militares, pero dando un paso gigantesco para el fortalecimiento del poder civil en el país de la eterna dictadura.

¿Qué esto suena a una apología de un expresidentes corrupto? No es esa la intención. Con este texto busco situar la captura del Pollo Ronco en un contexto que permita una interpretación más objetiva. Por su puesto que Portillo robó. Si quedaba duda de las numerosas evidencias documentales recabadas por la prensa acusadora durante y después de su gobierno, lo debería de confirmar el caso armado en su contra por un tribunal extranjero, que podemos presumir es ajeno a las pendencias de la política criolla. Sin embargo, el pecado de Portillo, que lo hace merecedor del castigo mediático y le quita la protección de los poderosos de Guatemala no es su desvergüenza en el enriquecerse a costas de las arcas nacionales. El pecado de Portillo fue enfrentarse de tú a tú con la oligarquía nacional, consentida y echada a perder por la mayor parte de los gobiernos de nuestra Historia, con las honrosas excepciones de los gobiernos de la Revolución de Octubre. Las poco transparentes privatizaciones de Álvaro Arzú, por ejemplo, fuero objeto de escándalo en los medios de comunicación. Pero Arzú sigue siendo uno de los políticos más populares del país. Los arreglos de Óscar Berger a favor de su círculo finquero son conocidos por muchos. Pero Berger, hoy alejado de la política, conserva una reputación favorable. Pero no Portillo. Portillo ha sellado su muerte política. Su intento de retornar al ruedo al mando de una alianza “anti-oligárquica”, conformada por partidos apoyados por el llamado bloque alternativo de poder, la oligarquía emergente con capitales de dudosa procedencia, se ha visto frustrado por el sopresivo requerimiento de extradición.

Para concluir, hago una pregunta y presento una respuesta tentativa. ¿Por qué fue la justicia estadounidense, y no la guatemalteca, la que logra armar un caso sólido en contra de Portillo? A parte de la reconocida ineptitud de nuestro sistema de justicia, el caso es que tenemos un diseño legal e institucional que favorece el saqueo de las arcas nacionales y garantiza la impunidad de los saqueadores. Como el mismo Portillo lo ha dicho, autorizar transferencias de Q.120 millones no es ningún delito. Porque no lo es. Reprobable moral y éticamente, sí. Pero no tenemos en Guatemala leyes con contra de eso. El asunto es que los mandamases de Guatemala permiten a los gobernantes enriquecerse como deseen, siempre y cuando resguarden sus privilegios. Portillo se enriqueció como quiso, pero no cumplió su parte de este acuerdo tácito. Y e ahí el castigo.

El contubernio entre plutocracia y funcionarios electos, y el sometimiento de la política a los intereses económicos de la oligarquía continuarán mientras éstos últimos no se den cuenta del riesgo que supone el premiar de esa forma a sus lacayos. Siempre habrán Alfonsoportillos y Manuelzelayas rebeldes que se saldrán de la línea, intentando quedarse con todo el botín. Y corregir el rumbo puede resultar sumamente costoso. Ahora, la otra solución podría ser que seamos todos los guatemaltecos, los lectores de periódicos, los radioescuchas y televidentes de noticias asumamos el coraje que requiere morder el dedo que nos atol. Pero, el lector y yo sabemos que esto no va a pasar en mucho tiempo. Mientras tanto, tendremos que seguir amando a políticos complacientes y sumisos, y linchando políticamente a aquellos que se atreven a gobernar (para sí mismos o para los demás….)

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Un comentario en “Descanse en paz, Pollo Ronco

  1. Pingback: Alfonso Portillo 2.0 « Politenango

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