>Castresana y los criollos

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Vuelvo a escribir, y, ahora sí, me comprometo a hacerlo más seguido. 
El Periódico publicó una nota hoy sobre unas afirmaciones que Carlos Castresana, aún jefe de la CICIG, supuestamente tuvo que desmentir. La nota puede verse aquí, pero básicamente habla del poco compromiso de las autoridades del Estado de Guatemala para con la lucha contra la impunidad, pero además, habla de cómo 10 familias, que “nunca han querido justicia” han mantenido un statu quo enfermo desde la colonia. 
Es esta última afirmación la que me llama mucho la atención, principalmente porque hace poco reflexionaba sobre los argumentos que algunos guatemaltecos han hecho en contra de la CICIG, desde su gestación, particularmente aquel que se refiere a la supuesta violación a la soberanía nacional que estaría implícita al incrustar una comisión internacional en el aparato de justicia de Guatemala. Me explico. 
La soberanía, según la Constitución (no me meteré a discutir el concepto, me parece muy complicado) radica en el pueblo, quien la delega en los organismos del Estado para su ejercicio. (Art 141, me matarían los abogángsteres si no lo cito). Centrémonos entonces en el Organismo Judicial.
Como pudimos observar, gracias una investigación (adivinen de quién) de la CICIG, existen algunas personas que pueden permitirse ciertas prerrogativas con respecto al aparato de justicia guatemalteco. Tomemos el ejemplo de los hermanos Valdés Paiz, quienes mediaran entre Rosenberg y los sicarios que este último contrató para autoasesinarse (perdón el neologismo, pero los tiempos lo ameritan). Los hermanitos se dieron el lujo de fugarse, y desde Panamá montar una campaña que consistía en su propia defensa, el desprestigio de Castresana y la CICIG en la opinión pública, y la incidencia para lograr el nombramiento de un fiscal general corrupto, vinculado al crimen organizado. Regresaron a Guatemala y se entregaron, una vez establecido que no tendrían que pasar la noche en Preventivo de la Zona 18, junto a mareros, travestis, y quién sabe qué otro tipo de excluidos del orden criollo.  La investigación toca al asesor de comunicación del principal partido de derecha de Guatemala, y a un líder prominente del mismo partido, que también es una especie de vaca sagrada en la universidad anticomunista Francisco Marroquín.
Así como los Valdés Paiz, existen casos de casos. Generalmente, funciona más o menos así:
1.      El pez gordo, generalmente de clase alta, bien conectadao talvez un empresario o profesional prestigioso, comete una falta. (sea que elimine a un incómodo secuestrador, cometa un crimen pasional, o maneje irresponsable los ahorros de los clientes incautos de un banco del sistema).
2.      Por alguna inusual razón, el pez flaco tiene con qué defenderse (por ejemplo, resulta que el ahorrante-víctima es un abogado con dientes), y logra que algún juez emita una orden de captura contra el pez gordo.
3.      El pez gordo evade la captura, talvez por algún mercenario que trabaja para él o ella dentro del aparato de justicia, o sobornando a los policías que tendrían que capturarle (cuyo salario ronda los Q.3000), o por la simple inoperancia del Estado, que no se ha dado cuenta de que su cédula de vecindad aún registra un domicilio abandonado hace más de diez años.
4.      El pez gordo entonces nada hacia aguas más apacibles (probablemente gracias a contactos de negocios o amistad en algún otro país de Centroamérica que probablemente es como Guatemala, un agujero de impunidad), y espera a que sus mercenarios en el Organismo Judicial, el Ministerio Público, o cualquier institución afín, se encarguen de arreglar su regreso seguro, sin necesidad de pasar la noche con mareros o prostitutas, según sea el caso.
5.      El desenlace varía, pero no está de más decir que los procesos judiciales frecuentemente se atascan si se aprietan los botones correctos. 
Así que, ¿de qué soberanía hablamos? ¿Cuántos miembros del “pueblo” pueden disfrutar de la soberanía del Estado de Guatemala? Guatemala es un país en donde algunos animales son más iguales que otros. Y la soberanía que algunos intelectuales defienden es precisamente su soberanía, su soberanía sobre el resto de nosotros.
Castresana alguna vez mencionó que mil guatemaltecos tenían de rodillas doce millones. Esta afirmación podría entenderse de muchas maneras, pero quienes nos consideramos medianamente informados teníamos razones para sospechar sobre la identidad de los 1000 guatemaltecos. OK, no son mil. Tampoco son diez familias. Son unas cuantas más, pero Castresana simplemente está redondeando.
Al final, mi pregunta es: ¿Hasta cuándo vamos a tolerar los demás, que no somos de las 10, o 18, o 22 (ver el libro de Marta Casaus, Guatemala: Linaje y Racismo) familias, que un grupito nos mangonee?
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2 comentarios en “>Castresana y los criollos

  1. >uhhhhhh debisesemos (ambos) estar trabajando pero como buenos subersivos henos aqui bloggeando por las inmesidades del internet!!!!Muy bueno, me gustó bastante ;)… Ahora ya sabemos en q si tenemos q aprovechar nuestro tiempo…. proximamente tendra competencia jajajajaja 😉

  2. >Gracias Paulina! Su comentario es el segundo en la larga historia de este blog, así que es muy bienvenido. Y no, no estoy bloggeando en el trabajo, lo hice anoche en mi casa. Es una de las ventajas de no tener facebook!

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