Sin rebeldía ni causa

 

Hoy en el trabajo le mencioné a un compañero (practicante, de mi misma Facultad) que mi hermanita de once años me regaló un CD de Calle 13, a lo cual el susodicho compañero respondió explicándome que no le gusta Calle 13 porque son lo más cholero de lo cholero.
Esto me hizo reflexionar de nuevo en las clases que recibí con Alejandro Flores, y me recordó de las ganas que tenía de escribir sobre el discurso que maneja en general la mara de la U (Mi U, la Landívar, digo). Vamos por partes. 
En general, los estudiantes de la Landívar somos muy conservadores. Somos también, la mayoría, clasemedieros con aspiraciones arribistas. Con demasiados prejuicios para ir a la San Carlos, sin suficiente dinero para ir a la Marro, o para estudiar afuera. E intentamos compensar un profundo complejo de inferioridad somatando a cualquiera que podamos hacer pasar como subalterno, muchas veces negando nuestra propia cholerez, muqueidad o shumez, distanciándonos lo más que podamos de cualquier expresión con atisbos de popular. Y esto nos esclaviza.
Nos esclaviza porque determina que nosotros, o nuestros viejos, gasten sumas grandísimas de dinero en una universidad que no aventaja por mucho a la pública (aunque debo admitir que disfrutamos de algunas comodidades, y que la libertad de cátedra es una realidad en la Landívar más que en la San Carlos por la ausencia de la constricción burocrática, o al menos así lo he oído de los mismos catedráticos). Nos esclaviza porque nos prohíbe gustos tan elementales como una buena cumbia de Celso Piña, o una buena gritada en el Estadio Nacional. Más importane, la vergüenza de no ser criollos con pisto nos impide cualquier reflexión profunda sobre nuestra situación como clase social… Si llegamos a cuestionar el establishment, la misma vergüenza nos impide manifestar abiertamente lo que pensamos (porque no vaya ser que sonemos como envidiosos y resentidos, evidenciando así nuestra subalternidad).
Pero decía que somos conservadores. No es raro escuchar expresiones homófobas, machistas o racistas. Recuerdo el caso que me contaron de una clase titulada “Introducción a los problemas del ser humano”, en donde el catedrático, ante la insistencia de sus estudiantes de responder a todas las preguntas con alusiones al amor de Dios, les ofreció puntos extras si en sus respuestas no mencionaban a la mencionada a Yaveh, Jeovah, o el Alfa y el Omega. Muy obedientes, lo dejaron de mencionar, pero al salir de la clase se escuchaba que murmuraban entre ellas (todas mujeres) frases del tipo de “él lo que quiere es que abandonemos nuestra fe”. De la misma clase, oí de una catedrática evangélica que explicaba la importancia de que las mujeres atendieran a sus esposos, para evitar que éstos se fugaran con alguna amante que sí les reverenciara el phalo. La mujer que me lo contó, que si bien no es feminista tampoco es dada a dejarse mangonear por ningún hombre, me dice que no le vio la utilidad a señalar lo estúpido de la discusión, a lo que yo respondo que lo peor es quedarse callada. Pero situaciones así abundan, y llegan a extremos obscenos y grotescos como el famoso linchamiento, que me da náusea sólo de recordarlo.
Va, el asunto es que me desilusiona profundamente la actitud de mis compañeros. La Universidad intenta cumplir su función de exponer a los estudiantes al universo y sus distintas versiones, pero los estudiantes somos unos cabezas duras que nos negamos a pensar diferente de nuestros viejos. Y que conste que muy probablemente nuestros viejos sí pensaban distinto a nuestra edad. 
Algunos pseudoliberales guatemaltecos critican el que nuestro Estado sea demasiado grande, que nuestras leyes permitan abusos de varios tipos. Otros, menos liberales, pero no más conservadores, se quejan de que el Gobierno sea débil, incapaz de accionar efectivamente contra los abusos de lo que Chomsky llamaría las tiranías privadas. Yo propongo descartar este debate, e iniciar uno nuevo. Guatemala no se gobierna sólo con pisto, con leyes o con ametralladoras. Las armas más efectivas de la clase dominante en Guatemala son las ideas: el poder se ejerce en nuestras mentes, somata nuestro espíritu hasta moldearlo de acuerdo a la voluntad de los poderosos. Es ahí donde está el verdadero problema, y también donde tenemos una oportunidad más viable de darle la vuelta a esta sociedad fracasada (en otro momento me gustaría hablar de lo que entiendo por sociedad fracasada, y por qué es preferible abordar esta idea en lugar de la de Estado fallido)
¿Hacia dónde va este país, sin jóvenes rebeldes y sin una clase media que se piense a sí misma como tal? La juventud necesita valores, dicen. Yo propongo que los tomemos de Calle 13. 
Los dejo con el video de una de las canciones favoritas de la Ale, mi hermana.(Editado el 13/11/2011).
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Un comentario en “Sin rebeldía ni causa

  1. >Me gusto tu entry, seguro me leo todo el blog eventualmente. Segun yo, La Universidad intenta cumplir su función de exponer a los estudiantes al universo y sus distintas versiones NOT, sino centro de endoctrinacion pro establecimiento + con fines de lucro. 🙂

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