De indignados, Rosenberg y la protesta social (I de II)

Desde hace varios meses, en varias partes del mundo han surgido y crecido una serie de movimientos que hemos dado a llamar genéricamente “los Indignados”, aunque sus orígenes y reivindicaciones sean distintas. Tenemos los “originales” indignados, conocidos también como el Movimiento 15-M,  cuyas protestas estallaron en España, y cuya protesta es en contra del sistema político y el sistema económico español. Un sistema económico que no está proveyéndoles de trabajo y vivienda dignos, y un sistema político que se ha mostrado incapaz (o sin intención) de resolver esta situación.  Está también el movimiento #OccupyWallStreet, que se ha convertido en el más amplio #OccupyTogether, que en varias ciudades de EEUU protesta en contra del sistema económico, con un discurso que establece que  “la única cosa que todos tenemos en común es que somos el 99% de los que no tolerará más la codicia y la corrupción del 1%”.  Con una relación más distante, pero con formas de movilización similares, tenemos las protestas estudiantiles en Chile, en donde miles de jóvenes reivindican el derecho a una educación pública laica, gratuita y de calidad. La llamada “Primavera árabe” ha sido metida en la misma bolsa con estos movimientos, siendo radicalmente distinta. Sin embargo, de nuevo, está caracterizada por formas de movilización similares.

Lo que todos estos movimientos tienen en común es una postura crítica al statu quo en general, además de la ausencia de un horizonte alternativo… Es decir, contrario a la que pasaba en la segunda mitad del siglo XX, cuando el socialismo era percibido como una alternativa clara al capitalismo, en este caso no existe una utopía hacia la cual transitar. Parafraseando lo que Chomsky dijera en otros contextos, son movimientos que saben que están en contra del modelo de sociedad actual, pero son incapaces de (y no están obligados a) construir un modelo alternativo. Esto es así, salvo en el caso de Chile. A nivel de sus formas de movilización, lo que tienen en común es el uso de las redes sociales y los nuevos medios para promover su mensaje y convocar a la organización.

La pregunta que ha surgido, y lo que motiva esta entrada es la siguiente: ¿Por qué en Guatemala no? ¿Qué pasa en Guatemala, que nos hace inmunes a un movimiento que parece repetirse en sociedades tan diversas alrededor del mundo? Hubo ya un intento de incorporar a guatemaltecos a la indignación global, pero no tuvo éxito. Y eso que motivos para indignarnos, sobran.

Desde mi perspectiva, hay varias ideas que pueden aportar respuestas a estas preguntas.  La primera es reconocer el hecho de que indignación, en Guatemala, hay. Y ha habido movilizaciones sociales en contra del sistema desde hace mucho tiempo. Mucho tiempo. Y son persistentes. Hay movilizaciones en contra de la explotación minera, en pro de mejores condiciones laborales, a favor del reconocimiento de los derechos sociales y culturales de los pueblos indígenas, en contra de la privatización de los servicios públicos, y un largo, pero largo, pero larguísimo etcétera.

Las movilizaciones de los Indignados tienen como protagonistas a los estratos medios y bajos. En Guatemala, las movilizaciones mencionadas son protagonizadas por las llamadas  “clases populares”, los estratos bajos. ¿Qué hace la clase media en Guatemala? ¿Por qué no se indigna junto con los populares? ¿Qué la separa del pueblo? A mi criterio, la respuestas de fondo está en cuestiones ideológicas, relacionadas con el carácter vertical, desigual y estratificado de nuestra sociedad. Sin embargo, no es este el espacio para discutir este tema, que es mucho más profundo (además de que limitarse a esto sería dar una respuesta cómoda, facilona y cliché). Me referiré entonces a dos temas puntuales, que sirven para responder las preguntas que hemos planteado.  Uno lo constituyen las protestas derivadas del caso Rosenberg -que también fueron convocadas mediante el uso de redes sociales-, sus protagonistas y sus reivindaciones. El segundo, y que creo que es de mucha importancia, es la satisfacción de los estratos medios guatemaltecos con su nivel de vida, que motiva una incapacidad de percibirse a sí mismo y a quienes están menos favorecidos como sujetos merecedores de derechos más allá de cuestiones básicas como la propiedad y el voto. En esto, sociedades como la española,  la chilena o la estadounidense, son radicalmente distintas.

Este tema me vino a la mente cuando comparé a los protagonistas de dos películas. Una española, llamada “Azul oscuro, casi negro“, y una guatemalteca, llamada “Puro Mula”. Les dejo los trailers de ambas películas, y quedo pendiente de explicar mi punto en una próxima entrada.

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Un comentario en “De indignados, Rosenberg y la protesta social (I de II)

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