La reelección es innecesaria

La idea lanzada por algún diputado oficialista y el mismo presidente de la República, acerca de que el mandato presidencial es muy corto, ha resonado a través de los medios de comunicación, generando reacciones, sobre todo adversas. Se ha planteado la posibilidad de reformar la constitución para extender dicho mandato, o para introducir la posibilidad de reelección presidencial. No abordaré las implicaciones legales de cada uno, aunque sostengo que ambas propuestas son, hoy por hoy, inviables. Sin embargo, lo realmente importante es que también son innecesarias.

Quienes proponen la posibilidad de extender el mandato presidencial, o de introducir la reelección, parten del supuesto de que la no continuidad del presidente encierra la no continuidad de las propuestas y programas que durante su gobierno se implementen. Esto es falso. El problema de fondo es ubicar a los funcionarios y líderes individuales como el centro de la política, cuando esta se hace en el marco de instituciones.

Pensemos en el actual partido de gobierno: El programa de gobierno del Partido Patriota (PP) no es un documento personal del presidente Otto Pérez, sino que es un documento institucional. Las acciones ahí propuestas son, en teoría, propuestas del partido, que pueden ser implementadas por cualquier otra persona que llegue a la presidencia por el mismo partido. Esto, ya de por sí, hace innecesaria la reelección de un individuo.

Por otro lado, aún en el caso en el que el próximo presidente no sea del PP, dicha organización no desaparecerá al salir Otto Pérez de la presidencia. Es de suponer que contará con una bancada en el organismo legislativo, desde la cual puede continuar impulsando las propuestas legislativas y de política pública que hoy se impulsan desde el Gobierno. Incluso puede, como lo ha hecho la reducida bancada de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), fiscalizar el trabajo del próximo gobierno para asegurarse la visibilidad y la continuidad de los programas iniciados durante el actual.

Desde esa perspectiva, la discusión no debiera centrarse en cómo logramos la continuidad de las personas, sino como logramos la institucionalización y permanencia en el tiempo de los partidos políticos. Partidos con programas de largo plazo, con bases electorales estables, y con procesos internos democráticos y plurales, además de ser una necesidad histórica para el buen funcionamiento del Estado, harían innecesaria la reelección. No es la situación que tenemos actualmente, pero reelegir al presidente hace poco o nada para remediarla.

Columna publicada en el Diario de Centroamérica.

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