Mes patrio

Foto: El Pensa

Foto: El Pensa

Muchos conocen el nombre de Joseph Goebbels, quien fuera Ministro de Propaganda en la Alemania nazi, y tuviera a su cargo la producción audiovisual que sirvió para legitimar a uno de los más atroces regímenes de la historia moderna. Sin embargo, muy pocos conocen a una figura que, desde la academia, contribuyó al establecimiento y crecimiento del nazismo: el politólogo Carl Schmitt.

Los aportes de Schmitt al nazismo (y a la ciencia política en general) son múltiples, pero el más importante posiblemente sea su ensayo “El concepto de lo político”. En este texto de 1935, Schmitt propone que, así como existe una diferencia entre lo feo y lo bello en la estética, entre lo bueno y lo malo en la moral, o entre lo rentable y lo que no lo es en la economía, en la política existe una distinción fundamental entre el amigo y el enemigo. La evidencia lo respalda: buena parte del discurso político contemporáneo se centra sólo en la construcción de un enemigo al que es necesario eliminar (los discursos alrededor del juicio a Ríos Montt son nuestro ejemplo más tropical).

Los desfiles, las banderas, las antorchas: todo el bombardeo de civismo light que vemos cada septiembre sirve para reforzar la idea de pertenencia a una unidad política “amiga”, la Patria. Esto, necesariamente, establece una frontera con un “enemigo”, todo aquel que no encaje en la idea de Patria construida desde el poder.

Como con todo lo que ocurre en política, alguien se beneficia y alguien sale perdiendo. El complejo industrial-militar de EUA se benefició de esta lógica cuando Bush dijo, en 2001, “Either you are with us, or you are with the terrorists”. El somozato de Daniel Ortega se beneficia de cada aparición mediática relacionada con el conflicto limítrofe entre Nicaragua y Costa Rica. En Guatemala, ¿quién se beneficia de nuestros pechos henchidos de orgullo patrio, mientras el país colapsa a nuestro alrededor?

Publicada en el Diario de Centroamérica el 11 de septiembre de 2013