Ríos Montt, y la memoria en tiempos del narco

Estoy escuchando el final de la audiencia en la que Efraín Ríos Montt fue ligado a proceso por delitos de genocidio cometidos como Jefe de Estado, durante la guerra civil en Guatemala, y leo en las redes sociales opiniones contradictorias. Por un lado, están quienes celebran con algarabía el que una persona, aparentemente responsable de delitos más crueles de lo que muchos podemos imaginar, será sometida a juicio y posiblemente condenada. Por otro, están quienes exigen que se juzgue también al “otro bando”, los guerrilleros, por los crímenes que le corresponden. Pero hay una tercera postura, que me parece interesantísima, por estar, a mi criterio, terriblemente equivocada. Esta postura dice que no hay sentido en juzgar crímenes cometidos hace 30 años cuando un 98% de los crímenes cometidos en la actualidad no llegan a juicio, mientras continuamos viviendo una situación de inseguridad que nos aterroriza.

Yo creo que sí es importante, porque estamos cerquísima de vivir una situación similar. Esto lo explico a partir del contexto histórico y los motivos de las masacres cometidas en tiempo de Ríos Montt. Los miles de civiles asesinados y torturados eran vistos por el Estado como colaboradores de los grupos insurgentes. Eran percibidos como “enemigo interno”, el agua que permitía al pez -la guerrilla- vivir, moverse y expandirse con comodidad. Desde esta perspectiva, para el Estado y sus ejecutores, era tan justificable asesinar civiles desarmados, como guerrilleros armados, ya que ambos estaban orgánicamente ligados. Y es este punto el que me preocupa, por su actualidad.  En noviembre del año pasado, el periódico digital salvadoreño “El Faro”, publicó un reportaje sobre como fuerzas de la Policía Nacional Civil desalojaron a un grupo de campesinos paupérrimos de los terrenos que ocupaban en el norte de Petén, desalojo que fue presentado por el Gobierno y los medios de comunicación como un “duro golpe al narcotráfico”. En tono irónico, el reportero narra cómo comprobó que, en efecto, los campesinos no eran narcotraficantes, sino chivos expiatorios en una guerra que nuestro Estado parece ir perdiendo. No es el primer caso de ciudadanos señalados de colaborar con el narcotráfico. ¿Suena familiar?

El “enemigo interno” ha mutado. Antes era la guerrilla, ahora, el narcotráfico. Sin embargo, desde el Estado y desde el discurso oficial en la academia y los medios de comunicación, se sigue sosteniendo que el enemigo interno sobrevive y gana terreno gracias al apoyo de los guatemaltecos pobres del área rural. Las acciones contra campesinos pobres son ahora equiparadas a golpes contra el narcotráfico, como antes las masacres de campesinos pobres eran equiparadas a golpes contra la insurgencia.

Es por esto que juzgar los crímenes cometidos hace treinta años, en el contexto de una guerra civil, es hoy más pertinente que nunca. En un momento en que el Presidente de la República, ex militar, que participó en acciones contrainsurgentes (legales o no, justas o no), y que llegó al poder ofreciendo “mano dura” anuncia una “guerra frontal” contra el narcotráfico, en un contexto en el que se acusa a civiles desarmados de colaborar con los narcos, es importante que recordemos el pasado. Y que señalemos y condenemos lo que se hizo mal. La memoria histórica es importantísima, porque nos permite dimensionar nuestro presente. Al final, viéndolo así, 30 años han pasado como si nada. Yo, como ciudadano joven, quiero que se juzguen los crímenes de las generaciones precedentes, para que, ahora sí, queden en el pasado.

Esta entrada fue publicada previamente en el EditorialGT.

Violencia homicida en Guatemala según Carlos Mendoza – ¿Luz al final del túnel?

Inside the tunnel

Image by autowitch via Flickr

Sigo desde hace un tiempo el blog The Black Box, de CABI, y muy en particular los análisis de Carlos Mendoza. Mendoza es uno de los cientistas sociales más respetados en Guatemala actualmente.

Hay un tema que me ha llamado mucho la atención, y que ha generado un debate en los medios de comunicación. De los análisis que Mendoza hace de las tasas de homicidios, es evidente que la violencia está disminuyendo. Aclarando, estamos hablando de tasas, no de números brutos. Las tasas nos ayudan a explicar relaciones y frecuencias.

Con un crecimiento poblacional tan acelerado como el de Guatemala, es natural que -si todo lo demás permanece sin cambios-, la cantidad diaria o mensual de homicidios aumente. Sin embargo, vemos que la cantidad de homicidios diarios se ha mantenido relativamente estable. Al analizar la tasa de homicidios, vemos entonces que la misma va en franca disminución.

Veamos, como ejemplo, la siguiente gráfica. Vemos que, en relación al mismo período en otros años, pero también frente a los primeros cinco meses del año, la tasa de homicidios por cada 100,000 habitantes va disminuyendo:

Fuente: The Black Box, CABI

Otro ejemplo elocuente es el siguiente: Si comparamos las tasas de homicidios de los últimos años, vemos que 2011 seráel menos violento en los últimos siete años:

Fuente: The Black Box, CABI

Los datos no mienten. Si bien el Gobierno de Álvaro Colom fue errático en el tema de seguridad durante buena parte de su mandato, lo cual representa un costo atroz en vidas humanas, algo estarán haciendo en el último año, que está dando resultados positivos.

Esta es mi segunda razón para estar optimista sobre el futuro Gobierno de Otto Pérez Molina (aclaro, de nuevo, que voté nulo). Pérez Molina basó sus dos campañas presidenciales en la promesa de mejorar la seguridad mediante la “mano dura”. Ahora recibirá el Gobierno con las tasas de homicidios más bajas en siete años. Esto quiere decir, que parte del trabajo ya está hecho. A menos que su equipo esté conformado por totales ineptos, pronto empezaremos a percibir mejoras en seguridad ciudadana. Espero no equivocarme.

Democratización y crecimiento económico como resultado de variables análogas. Un análisis comparativo entre Douglas North y Guillermo O’Donnell

El presente ensayo aborda el aporte teórico y metodológico de Guillermo O’Donnell sobre la relación entre institucionalidad informal, institucionalidad formal y consolidación de las nuevas poliarquías,, comparando su planteamiento con la explicación de Douglas North sobre la influencia de la institucionalidad en crecimiento económico. Se comparan ambos planteamientos sobre las variables de instituciones informales e instituciones formales, y la manera en que estas condicionan el resultado del crecimiento económico en North, y la consolidación de las poliarquías en O’Donnell. Como conclusión, se evalúa la posibilidad de utilizar la explicación de North sobre el crecimiento económico para complementar el planteamiento de O’Donnell sobre la poliarquía.
Guillermo O’Donnell, en Otra Institucionalización (1996) establece que para estudiar apropiadamente las poliarquías, y más específicamente su consolidación, es necesario tomar en cuenta tanto el grado de institucionalización formal (que, como regla general, es abordado cuando se estudia la consolidación de la democracia), como la existencia de instituciones no formales. Mientras que las instituciones formales son aquellas que están establecidas explícitamente en constituciones y legislación material, el concepto de institución informal se refiere a las pautas marcadas por el comportamiento recurrente de los individuos al relacionarse entre ellos y con las instituciones. (O’Donnell, 1996: 320)  Estas últimas no necesariamente se reflejan en –y a veces contradicen- las reglas formales. En este sentido, O’Donnell identifica dos factores que condicionan la consolidación de una poliarquía. El primero se refiere a la institución formal de las elecciones –cuyo indicador es el carácter intertemporal de las mismas-, y el segundo se refiere a una institución informal: el particularismo, que el mismo O’Donnell define como: una amplia gama de relaciones colectivas dirigidas a la satisfacción del interés individual que no son universalizables y que típicamente abarcan “el patrimonialismo, la prebenda, el patronazgo, el nepotismo, el empreguismo, la corrupción y el amiguismo”. (Orozco, 2004, 14)
La definición que O’Donnell utiliza para el concepto de particularismo, y el carácter de variable determinante que le otorga en cuanto a la institucionalización de la poliarquía, coincide con la utilización del concepto de “intercambio personal” por Douglas North, en una entrevista llevada a cabo para la revista Perspectiva (2004), en donde el problema que ocupa a North no es la poliarquía, sino el crecimiento económico. North, sin embargo, establece dos variables determinantes para el crecimiento económico que resultan situadas de manera similar a las que usa O’Donnell para explicar la consolidación de la poliarquía. North explica el crecimiento económico a partir de la existencia de instituciones formales –menciona la necesidad de un sistema legal fuerte y estable (Perspectiva, 2004: 34), pero condiciona la efectividad de las instituciones formales al previo establecimiento de reglas informales que sirvan de apoyo a las primeras (Perspectiva, 2004: 32). Para el caso de América Latina, Douglas North afirma que el intercambio personal, definido como: una clase de estructura de intercambio político y económico, pero que sólo funciona dentro de los miembros de una familia, o en muy pequeños grupos sociales que se fortalecen dejando de lado muchos sectores de la población.” (Perspectiva, 2004: 32) ha impedido la conformación de instituciones adaptadas al contrario del intercambio impersonal, necesario para el crecimiento económico.
Los razonamientos de North y de O’Donnell son análogos. Ambos se plantean explicar el surgimiento de lo “deseable” –la poliarquía consolidada o el crecimiento económico-, a partir de la identificación de instituciones formales e informales. Las similitudes entre las variables independientes utilizadas por ambos teóricos son resaltables. Mientras que el particularismo en O’Donnell encuentra su analogía en el intercambio personal en Douglas North, el universalismo –contrario del particularismo, valor al que se supone aspiran las normas formales de la poliarquía- es análogo al intercambio impersonal. Sin embargo, existe una distinción significativa en las explicaciones que cada uno da a sus respectivos problemas.
Douglas North hace una relación causa-efecto entre el tipo de intercambio que se da en la sociedad, como institución informal, y la efectividad de las instituciones formales. De la efectividad de las instituciones formales, sustentada por la existencia de instituciones informales favorables, se derivaría el crecimiento económico. O’Donnell, en cambio, no establece una relación causa-efecto entre instituciones informales y formales, sino que menciona que las mismas coexisten, y no evalúa la efectividad de las instituciones formales, sino que sitúa el problema sobre la concordancia entre lo establecido en la legislación y prácticas políticacs reales. (O’Donnell, 1996: 320)  Sin embargo, esta diferencia está más relacionada con la naturaleza de los objetivos de los dos documentos utilizados, dado que mientras que North atiende las relaciones de causalidad en un problema económico empírico, O’Donnell busca realizar un aporte teórico y metodológico para el estudio de las nuevas poliarquías.
El reto entonces es establecer si el razonamiento de North es aplicable al problema planteado por O’Donnell; es decir, si puede establecerse una relación de causa y efecto entre el carácter universalista o particularista de las prácticas políticas regulares, la efectividad de las reglas formales, y la consolidación de la poliarquía. Si se acepta el planteamiento de O’Donnell sobre el carácter antagónico del particularismo para con el paquete institucional de la poliarquía, y la importancia que tiene para la misma la preservación de la frontera público privada, característica de las viejas poliarquías (O’Donnell, 1996: 322), entonces se estaría afirmando que el acercamiento de las prácticas políticas –instituciones informales- al universalismo, que dota a reglas formales –que son por definición universalistas- de contenido y efectividad, es una condicionante para la consolidación de la poliarquía.
Bibliografía
O’Donnell, Guillermo (1996) Otra Institucionalización. Artículo aparecido en Nueva Sociedad 180-181, Jul-Ago / Sep-Oct 2002, pp 311-332. Consultado en: http://www.nuso.org/upload/anexos/foro_461.pdf
Orozco, Wistano (2004)  Consolidación e infraestructura institucional de la democracia Ponencia presentada en el Seminario en Latinoamérica de Teoría Constitucional y Política (SELA) 2004.
Revista Perspectiva, edición No. 5. (2004) Entrevista a Douglas North: “Lo que se necesita en América Latina es crear instituciones que produzcan crecimiento”. Consultado en http://www.revistaperspectiva.com/archivos/revista/No%205/10_produzcan_crecimiento.pdf