Estudio de ASIES: Análisis de la unidad partidaria en el Congreso de Guatemala

Los vínculos entre los diputados. No se incluye en el estudio.

Los vínculos entre los diputados, según registros de votación. (Esta imagen no se incluye en el estudio)

Ayer, 12 de noviembre, presentamos un nuevo estudio en ASIES. El estudio Análisis de la unidad partidaria en el Congreso de Guatemala. Prioridades legislativas, transfuguismo y pertenencia distrital,  utiliza el análisis de redes sociales, con información de los registros de votación del Congreso de la República, para examinar el comportamiento de los diputados pertenecientes a los principales bloques que integran el Congreso de la República, específicamente en la legislatura 2012-2016. Particularmente, analiza el nivel de unidad con que votan en torno a temas específicos, para así determinar las prioridades de política pública que tiene cada uno de los bloques. También analiza las diferencias en la unidad en la votación entre los bloques de diputados en función de su integración original, derivada de las elecciones de 2011, y la integración de los bloques a noviembre de 2014, para determinar el efecto que el transfuguismo tiene sobre la unidad partidaria. Asimismo, evalúa las diferencias en la unidad de votación entre los diputados electos por lista nacional y los diputados electos por listado distrital.

Descargue el estudio aquí (o en el sitio web de ASIES).

Descargue la base de datos utilizada aquí (o en el blog de Javier Brolo).

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Reelección de alcaldes

Foto: PedroVisión Noticias

Muchos en Guatemala se escandalizan ante la posibilidad de reelección consecutiva indefinida para alcaldes y diputados. Consideran que la falta de alternabilidad es una amenaza para la democracia. Además, perciben la continuidad como una norma en Guatemala. Esto último posiblemente se deba a los visibles casos de alcaldes que se han mantenido en el poder durante varios períodos consecutivos, algunos con señalamientos de corrupción: Específicamente, vienen a la mente personajes como Arnoldo Medrano, alcalde de Chinautla, Álvaro Arzú, alcalde de la ciudad de Guatemala, Antonio Coro, en San José Pinula, Rubelio Recinos en Barberena, entre otros. Los casos más notorios son los de Fredy López, en San Pedro Jocopilas, Quiché, y René Osorio en Santa Catarina Mita, Jutiapa, con cinco períodos cada uno. La percepción negativa de la reelección consecutiva puede estar también relacionada con una supuesta incidencia de conflictos electorales en lugares en donde un alcalde busca la reelección.

Sin embargo, únicamente 32 de los 334 alcaldes que ganaron su cargo en las últimas elecciones han ocupado el cargo por tres o más períodos consecutivos (Datos disponibles en base de datos de Javier Brolo). Una investigación realizada por el politólogo y economista Iván Morales Carrera (El efecto incumbente en las elecciones municipales) indica que un alcalde tiene menos probabilidades de ganar una segunda elección consecutiva, que el candidato que quedó en segundo lugar en la anterior. Dicho de otra manera, los candidatos que quedaron en segundo lugar en 2011 tienen más probabilidades ganar la elección de 2015 que los alcaldes actuales.

¿Tienen en verdad una ventaja los alcaldes en el poder? ¿Qué otras razones podrían estar detrás de los conflictos electorales en municipios con alcaldes reelegibles? ¿Qué dice esto sobre los alcaldes que se reeligen?

Columna publicada en Diario Digital el 4 de noviembre de 2014

Guatebolas: Ciencia política de colonia

Columna publicada en Plaza Pública el 14 de octubre en Contrapoder el 17 de octubre.

Se ha armado una interesantísima discusión con respecto a la ciencia política en Guatemala. Primero que nada, valga decir que soy una especie de advenedizo en esta discusión. Todos los que han participado en ella. –Bolaños, Fernández, Haering, Calos Mendoza , Álvaro Velásquez y (especialmente) Torres-Rivas– me llevan algunos años de distancia, y superan con creces mi experiencia en el campo. En ese sentido, mi aporte no busca tomar partido en la discusión, dado que en ambas partes encuentro argumentos válidos, sino más bien contextualizarla y matizar el pobre estado de la ciencia política en Guatemala.

Creo que hay tres factores que están en el fondo de lo que estamos llamando la ciencia política de Guatebolas: Un traslape inadecuado entre política y academia, una distancia abismal entre la investigación y opinión pública, y una acentuada dependencia intelectual. Aunque no existe academia políticamente neutral, y aunque el sustento científico de la acción política y gubernamental es algo absolutamente necesario y deseable, es preocupante el que mucha de la investigación producida en Guatemala sirva para sustentar conclusiones definidas políticamente: Lo que vamos a decir es esto; ahora produzcamos estudios que lo sustenten. Por otro lado, es valioso que hoy los politólogos tengamos una amplia participación en los medios de comunicación, algo que solía estar reservado a “analistas” que eran abogados, políticos en ejercicio o viejos lobos con experiencia empírica. Esto ocurre cada vez menos. Sin embargo, aunque muchos politólogos opinemos en medios de comunicación, hay una abismo entre la escasa investigación que se produce y lo que se expresa en los medios. Esta distancia debe reducirse.

Sin embargo, ambos problemas parecen provenir de un tronco común: La dependencia intelectual.

Este es un término acuñado por los teóricos del colonialismo, para referirse a la incapacidad de los países periféricos de producir ciencia por su cuenta, sin depender de lo que hagan los países centrales. Explicado:

Las condiciones de este sistema de dependencia incluyen el control de los fondos disponibles globalmente para investigación y de las publicaciones académicas por instituciones centrales, y que el prestigio se atribuye a aquellos [investigadores de países periféricos] que han publicado en revistas internacionales, o que han estado en contacto con académicos de Europa y Estados Unidos. (Peet , 1991: 137) El resultado es contar con cientistas sociales cautivos, incapaces de diseñar métodos analíticos originales, así como una alineación de los issues principales de la sociedad.

                                               Sector Por sector de financiamiento
Año 2006 2011
Gobierno 36.5 19.9
Empresas
Educación superior 23.7 27.7
Instituciones privadas

sin fines de lucro

Extranjero 39.8 52.4
Fuente: Blas y Hernández: 2014

Esta condición de dependencia intelectual está acentuada en Guatemala, en donde la mayor parte de los fondos para investigación provienen de entidades internacionales. Un estudio elaborado por Violeta Hernández y Ana Lucía Blas, investigadoras de ASIES, evidencia que el porcentaje más alto de los fondos utilizados para investigación provienen del extranjero. En este sentido, y aunque la cooperación ha servido hacer trabajos que no se harían de otra manera, el hecho es que enfoques y contenidos de la investigación suelen ser determinados por la disponibilidad de fondos internacionales. Además, el esfuerzo de muchos politólogos no está enfocado en algo que pueda llamarse estrictamente “investigación”, sino que se dirige a la ejecución de proyectos de corto plazo. De algo hay que vivir.

Pero el problema va más allá de los fondos para investigación. Aún en las universidades que producen investigación con dinero propio, los enfoques y referentes teóricos son europeos, de pretendida aplicación universal, pero insuficientes (a veces inútiles) para explicar la realidad guatemalteca y latinoamericana. La respuesta de Bolaños, Haering y Fernández a Torres-Rivas evidencia esto último. La crítica, por ejemplo, al abuso del concepto de élites, pareciera partir de que el uso local no cabe en el uso normado por la ciencia política europea y estadounidense. Sin embargo, es evidente que categorías incluso más amplias como oligarquía son útiles para análisis en Guatemala, que aparece de manera explícita en trabajos como Linaje y racismo o El ascenso de las élites industriales, y de manera más tácita en Imponiendo la democracia. Aquí vale la pena rescatar lo dicho por Foucault acerca de las prohibiciones en el discurso político: “Uno sabe que no tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa”. ¿Qué se oculta cuando se precisa el concepto de élite? ¿A quién se cubre cuando se prohíbe llamar “oligarquía” a la oligarquía?

En cualquier caso, es evidente que es necesario crear conceptos y categorías más precisas y pertinentes a la realidad guatemalteca. Esto requiere de tiempo, esfuerzo y recursos. En este sentido, no queda más que señalar la necesidad de que la agenda de investigación sea definida localmente. Una agenda propia, que parta de teoría local, requiere necesariamente un paso previo recopilación empírica: Estudiar los fenómenos sociales como son, y no como las ciencias sociales europeas dicen que son. Las universidades y el Estado tienen un papel importantísimo en esta solución, particularmente en un país en donde el financiamiento privado, cuando llega a la investigación en ciencias sociales, lo hace con una agenda conservadora y particularista. Mientras tanto, seguiremos intentando hacer lo que se puede (que es mucho) con lo que se tiene (que es poquísimo).

 

Fuentes

Blas, Ana Lucía y Hernández, Violeta (2014) ¿Por qué y cómo mejorar la investigación en Guatemala?. Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES) y Saber América Latina. Guatemala. Recuperado de http://www.asies.org.gt/sites/default/files/articulos/publicaciones/presentacion_1.pdf

Peet, Richard y Elaine Hartwick. 1991. Theories of Development. New York, The Guilford Press.

Foucault, Michel (1973). El orden del discurso. Tusquets Editores, México.

Izquierda y derecha contradictorias

JOHAN ORDONEZ/AFP/Getty Image

JOHAN ORDONEZ/AFP/Getty Image

En Guatemala, la ideología es algo complejo. Quienes expresan ser de derecha y de izquierda tienden a contradecirse en sus argumentos, llegando incluso a defender lo que ellos mismos consideran indefendible. Pareciera ser que en Guatemala no hay espacio para una acción política basada en principios.

Ayer, personajes de la izquierda local celebraban la reelección de Evo Morales (como las de Chávez y Correa); sin embargo, hace meses se manifestaban contra cualquier intento de instalar la reelección en Guatemala, especialmente mientras gobierne un ex militar de derecha.

En Bolivia y Ecuador, los gobiernos de izquierda critican severamente a organizaciones opositoras –a veces también de izquierda-, apoyadas por cooperación internacional. Esta crítica alcanzó su punto más álgido cuando USAID fue expulsada de Bolivia. En Guatemala, Pérez Molina y el ministro López Bonilla iniciaron hace un tiempo una crítica similar, que recibió una respuesta negativa amplísima de activistas de izquierda, y un apoyo casi unánime en la derecha, que lleva años en una crítica similar.

Por otro lado, la derecha guatemalteca glorificó las protestas estudiantiles contra Maduro en Venezuela, condenando la violencia usada para reprimirlas, mientras que localmente apoya el uso de la fuerza pública para desalojar manifestantes, a quienes no duda en llamar terroristas. Niega la legitimidad de las resoluciones internacionales en materia de derechos humanos, tal y como lo hacen los gobiernos bolivarianos. Y estas resoluciones son asidero de activistas locales en casos de justicia transicional.

Me resulta incomprensible.

Columna publicada en Diario Digital el 14 de octubre de 2014

El partido oficial colapsa

Foto: ElPeriódico

La debilidad de los partidos políticos en Guatemala es un fenómeno que intriga a politólogos en Guatemala y en el mundo. Hay un asunto muy particular de nuestro sistema que suele eludir el análisis: el colapso de los partidos políticos que llegan al poder.

Tanto la DC como el MAS han desparecido del sistema; el PAN perdió el que podría ser su último diputado; el FRG va por el mismo camino, abandonado por su liderazgo histórico y con nuevo nombre; hace poco, GANA fue prácticamente absorbido LIDER. La UNE vio difícil su reorganización en 2012, perdiendo buena parte de su bancada. Y, a juzgar por el desgaste de Baldetti y la insustancia de Sinibaldi, ahora le toca al PP.

Aquí propongo una breve idea (más bien, una ocurrencia) de por qué ocurre. Los partidos guatemaltecos son caudillistas y electoreros, organizados primordialmente para llevar a un individuo al poder. Su verticalidad y personalismo impide el surgimiento de líderes distintos al caudillo. Una vez se cumple este cometido, y ante la imposibilidad de reelección, el partido pierde razón de ser.

La mayoría de los factores mencionados son estructurales y de solución complicadísima. El más sencillo de modificar parece ser la prohibición de reelección. ¿Es posible que permitir la reelección incentive la consolidación de los partidos que llegan al poder? En dado caso, ¿sería preferible permitir la reelección consecutiva, o limitarla a la no consecutiva? ¿Cuál sería el alcance de esta modificación, por sí sola?

Publicada en Diario Digital el 30 de septiembre de 2014

Las comisiones de postulación y la sociedad tradicional

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Foto tomada de Soy 502.

Guatemala es hoy, como al momento de la instalación de la democracia electoral, en 1985, una sociedad en transición. Aceptada internacionalmente como un país democrático (le llamamos “democracia defectuosa”), e inserto en el contexto del capitalismo global (aunque muchos afirmen que tiene rasgos mercantilistas o feudales). Guatemala aspira a ser moderna, pero es en realidad muy tradicional, y esto se refleja en la política, las políticas y la legislación. Las comisiones de postulación son un caso para estudiar.

Su diseño en 1985 asignaba un rol preponderante a los gremios profesionales y a la academia, ambos dominados por vacas sagradas, que en base a su conocimiento de la cosa pública podrían separar el trigo de la cizaña y postular a los profesionales más aptos e idóneos para el ejercicio de la función pública. Treinta años más tarde, el sistema es cuestionado y se propone “modernizarlo”, dotando de apariencia objetiva a los procesos de postulación.

Esta superficie objetiva, concretada en la tabla de gradación es hoy el centro de una disputa multipolar entre actores de signo diverso, algunos más legítimos que otros. No obstante, muy poco de lo que ocurre en el seno de las comisiones de postulación pasa por la superficie. Buena parte de los problemas están relacionados con su carácter tradicionalista, por naturaleza propenso a la exclusión y a la opacidad. Sin embargo, cambiar este problema, el de fondo, requiere tiempo y esfuerzo que nadie parece dispuesto a invertir.

Columna publicada en Diario Digital el 12 de agosto de 2014

La reelección es innecesaria

La idea lanzada por algún diputado oficialista y el mismo presidente de la República, acerca de que el mandato presidencial es muy corto, ha resonado a través de los medios de comunicación, generando reacciones, sobre todo adversas. Se ha planteado la posibilidad de reformar la constitución para extender dicho mandato, o para introducir la posibilidad de reelección presidencial. No abordaré las implicaciones legales de cada uno, aunque sostengo que ambas propuestas son, hoy por hoy, inviables. Sin embargo, lo realmente importante es que también son innecesarias.

Quienes proponen la posibilidad de extender el mandato presidencial, o de introducir la reelección, parten del supuesto de que la no continuidad del presidente encierra la no continuidad de las propuestas y programas que durante su gobierno se implementen. Esto es falso. El problema de fondo es ubicar a los funcionarios y líderes individuales como el centro de la política, cuando esta se hace en el marco de instituciones.

Pensemos en el actual partido de gobierno: El programa de gobierno del Partido Patriota (PP) no es un documento personal del presidente Otto Pérez, sino que es un documento institucional. Las acciones ahí propuestas son, en teoría, propuestas del partido, que pueden ser implementadas por cualquier otra persona que llegue a la presidencia por el mismo partido. Esto, ya de por sí, hace innecesaria la reelección de un individuo.

Por otro lado, aún en el caso en el que el próximo presidente no sea del PP, dicha organización no desaparecerá al salir Otto Pérez de la presidencia. Es de suponer que contará con una bancada en el organismo legislativo, desde la cual puede continuar impulsando las propuestas legislativas y de política pública que hoy se impulsan desde el Gobierno. Incluso puede, como lo ha hecho la reducida bancada de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), fiscalizar el trabajo del próximo gobierno para asegurarse la visibilidad y la continuidad de los programas iniciados durante el actual.

Desde esa perspectiva, la discusión no debiera centrarse en cómo logramos la continuidad de las personas, sino como logramos la institucionalización y permanencia en el tiempo de los partidos políticos. Partidos con programas de largo plazo, con bases electorales estables, y con procesos internos democráticos y plurales, además de ser una necesidad histórica para el buen funcionamiento del Estado, harían innecesaria la reelección. No es la situación que tenemos actualmente, pero reelegir al presidente hace poco o nada para remediarla.

Columna publicada en el Diario de Centroamérica.