Lo que queda de la CICIG

 

CICIG

Interrumpo las columnas que he venido escribiendo acerca de la relación entre democracia y eficacia para abordar un tema que considero relevante: La renovación del mandato de la CICIG y el nombramiento de su nuevo comisionado.

Primero, vale la pena recordar por qué existe la CICIG. La impunidad en Guatemala es un problema estructural, constitutivo del orden social, vinculado directamente a la desigualdad. Aunque existen actores interesados en reducir considerablemente la impunidad como un paso previo para reducir la inseguridad, lo cierto es que cualquier intento de reforma al sistema de justicia es vetado por actores poderosos que se benefician de vivir bajo su propia ley. Para reducir la influencia de estos “veto players” que aunque insertados en el aparato estatal, actúan al margen de sus normas formales, fue necesario “instalar” una entidad con reducidos vínculos con actores locales. La CICIG vendría a reforzar la capacidad de Guatemala de hacer que dentro de su territorio, se cumpla la ley. Por esto, la comisión no daña nuestra soberanía, sino que más bien la fortalece.

Las expectativas creadas por la venida de la CICIG no han sido cumplidas, y se percibe en la opinión pública una extendida insatisfacción con su trabajo, lo que ha llevado a algunos a proponer que la comisión se vaya de Guatemala. Nada más equivocado. El trabajo de la CICIG está inconcluso, y si sus resultados no han sido óptimos, lo conveniente es analizar sus errores y aciertos, y modificar la dirección de su labor de manera pertinente.  Algunos actores pueden beneficiarse directamente de la ausencia de la CICIG, pero todos los guatemaltecos podemos beneficiarnos de un ataque sostenido y eficaz contra la impunidad.  Por lo mismo, celebro la renovación del mandato de la CICIG, y deseo que el nuevo comisionado Iván Velásquez tenga una gestión exitosa, que dé frutos prontos, permanentes y visibles.

Publicada en El Diario de Centroamérica, el 3 de septiembre de 2013

Anuncios