La reelección es innecesaria

La idea lanzada por algún diputado oficialista y el mismo presidente de la República, acerca de que el mandato presidencial es muy corto, ha resonado a través de los medios de comunicación, generando reacciones, sobre todo adversas. Se ha planteado la posibilidad de reformar la constitución para extender dicho mandato, o para introducir la posibilidad de reelección presidencial. No abordaré las implicaciones legales de cada uno, aunque sostengo que ambas propuestas son, hoy por hoy, inviables. Sin embargo, lo realmente importante es que también son innecesarias.

Quienes proponen la posibilidad de extender el mandato presidencial, o de introducir la reelección, parten del supuesto de que la no continuidad del presidente encierra la no continuidad de las propuestas y programas que durante su gobierno se implementen. Esto es falso. El problema de fondo es ubicar a los funcionarios y líderes individuales como el centro de la política, cuando esta se hace en el marco de instituciones.

Pensemos en el actual partido de gobierno: El programa de gobierno del Partido Patriota (PP) no es un documento personal del presidente Otto Pérez, sino que es un documento institucional. Las acciones ahí propuestas son, en teoría, propuestas del partido, que pueden ser implementadas por cualquier otra persona que llegue a la presidencia por el mismo partido. Esto, ya de por sí, hace innecesaria la reelección de un individuo.

Por otro lado, aún en el caso en el que el próximo presidente no sea del PP, dicha organización no desaparecerá al salir Otto Pérez de la presidencia. Es de suponer que contará con una bancada en el organismo legislativo, desde la cual puede continuar impulsando las propuestas legislativas y de política pública que hoy se impulsan desde el Gobierno. Incluso puede, como lo ha hecho la reducida bancada de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), fiscalizar el trabajo del próximo gobierno para asegurarse la visibilidad y la continuidad de los programas iniciados durante el actual.

Desde esa perspectiva, la discusión no debiera centrarse en cómo logramos la continuidad de las personas, sino como logramos la institucionalización y permanencia en el tiempo de los partidos políticos. Partidos con programas de largo plazo, con bases electorales estables, y con procesos internos democráticos y plurales, además de ser una necesidad histórica para el buen funcionamiento del Estado, harían innecesaria la reelección. No es la situación que tenemos actualmente, pero reelegir al presidente hace poco o nada para remediarla.

Columna publicada en el Diario de Centroamérica.

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Violencia homicida en Guatemala según Carlos Mendoza – ¿Luz al final del túnel?

Inside the tunnel

Image by autowitch via Flickr

Sigo desde hace un tiempo el blog The Black Box, de CABI, y muy en particular los análisis de Carlos Mendoza. Mendoza es uno de los cientistas sociales más respetados en Guatemala actualmente.

Hay un tema que me ha llamado mucho la atención, y que ha generado un debate en los medios de comunicación. De los análisis que Mendoza hace de las tasas de homicidios, es evidente que la violencia está disminuyendo. Aclarando, estamos hablando de tasas, no de números brutos. Las tasas nos ayudan a explicar relaciones y frecuencias.

Con un crecimiento poblacional tan acelerado como el de Guatemala, es natural que -si todo lo demás permanece sin cambios-, la cantidad diaria o mensual de homicidios aumente. Sin embargo, vemos que la cantidad de homicidios diarios se ha mantenido relativamente estable. Al analizar la tasa de homicidios, vemos entonces que la misma va en franca disminución.

Veamos, como ejemplo, la siguiente gráfica. Vemos que, en relación al mismo período en otros años, pero también frente a los primeros cinco meses del año, la tasa de homicidios por cada 100,000 habitantes va disminuyendo:

Fuente: The Black Box, CABI

Otro ejemplo elocuente es el siguiente: Si comparamos las tasas de homicidios de los últimos años, vemos que 2011 seráel menos violento en los últimos siete años:

Fuente: The Black Box, CABI

Los datos no mienten. Si bien el Gobierno de Álvaro Colom fue errático en el tema de seguridad durante buena parte de su mandato, lo cual representa un costo atroz en vidas humanas, algo estarán haciendo en el último año, que está dando resultados positivos.

Esta es mi segunda razón para estar optimista sobre el futuro Gobierno de Otto Pérez Molina (aclaro, de nuevo, que voté nulo). Pérez Molina basó sus dos campañas presidenciales en la promesa de mejorar la seguridad mediante la “mano dura”. Ahora recibirá el Gobierno con las tasas de homicidios más bajas en siete años. Esto quiere decir, que parte del trabajo ya está hecho. A menos que su equipo esté conformado por totales ineptos, pronto empezaremos a percibir mejoras en seguridad ciudadana. Espero no equivocarme.