Guatebolas: Ciencia política de colonia

Columna publicada en Plaza Pública el 14 de octubre en Contrapoder el 17 de octubre.

Se ha armado una interesantísima discusión con respecto a la ciencia política en Guatemala. Primero que nada, valga decir que soy una especie de advenedizo en esta discusión. Todos los que han participado en ella. –Bolaños, Fernández, Haering, Calos Mendoza , Álvaro Velásquez y (especialmente) Torres-Rivas– me llevan algunos años de distancia, y superan con creces mi experiencia en el campo. En ese sentido, mi aporte no busca tomar partido en la discusión, dado que en ambas partes encuentro argumentos válidos, sino más bien contextualizarla y matizar el pobre estado de la ciencia política en Guatemala.

Creo que hay tres factores que están en el fondo de lo que estamos llamando la ciencia política de Guatebolas: Un traslape inadecuado entre política y academia, una distancia abismal entre la investigación y opinión pública, y una acentuada dependencia intelectual. Aunque no existe academia políticamente neutral, y aunque el sustento científico de la acción política y gubernamental es algo absolutamente necesario y deseable, es preocupante el que mucha de la investigación producida en Guatemala sirva para sustentar conclusiones definidas políticamente: Lo que vamos a decir es esto; ahora produzcamos estudios que lo sustenten. Por otro lado, es valioso que hoy los politólogos tengamos una amplia participación en los medios de comunicación, algo que solía estar reservado a “analistas” que eran abogados, políticos en ejercicio o viejos lobos con experiencia empírica. Esto ocurre cada vez menos. Sin embargo, aunque muchos politólogos opinemos en medios de comunicación, hay una abismo entre la escasa investigación que se produce y lo que se expresa en los medios. Esta distancia debe reducirse.

Sin embargo, ambos problemas parecen provenir de un tronco común: La dependencia intelectual.

Este es un término acuñado por los teóricos del colonialismo, para referirse a la incapacidad de los países periféricos de producir ciencia por su cuenta, sin depender de lo que hagan los países centrales. Explicado:

Las condiciones de este sistema de dependencia incluyen el control de los fondos disponibles globalmente para investigación y de las publicaciones académicas por instituciones centrales, y que el prestigio se atribuye a aquellos [investigadores de países periféricos] que han publicado en revistas internacionales, o que han estado en contacto con académicos de Europa y Estados Unidos. (Peet , 1991: 137) El resultado es contar con cientistas sociales cautivos, incapaces de diseñar métodos analíticos originales, así como una alineación de los issues principales de la sociedad.

                                               Sector Por sector de financiamiento
Año 2006 2011
Gobierno 36.5 19.9
Empresas
Educación superior 23.7 27.7
Instituciones privadas

sin fines de lucro

Extranjero 39.8 52.4
Fuente: Blas y Hernández: 2014

Esta condición de dependencia intelectual está acentuada en Guatemala, en donde la mayor parte de los fondos para investigación provienen de entidades internacionales. Un estudio elaborado por Violeta Hernández y Ana Lucía Blas, investigadoras de ASIES, evidencia que el porcentaje más alto de los fondos utilizados para investigación provienen del extranjero. En este sentido, y aunque la cooperación ha servido hacer trabajos que no se harían de otra manera, el hecho es que enfoques y contenidos de la investigación suelen ser determinados por la disponibilidad de fondos internacionales. Además, el esfuerzo de muchos politólogos no está enfocado en algo que pueda llamarse estrictamente “investigación”, sino que se dirige a la ejecución de proyectos de corto plazo. De algo hay que vivir.

Pero el problema va más allá de los fondos para investigación. Aún en las universidades que producen investigación con dinero propio, los enfoques y referentes teóricos son europeos, de pretendida aplicación universal, pero insuficientes (a veces inútiles) para explicar la realidad guatemalteca y latinoamericana. La respuesta de Bolaños, Haering y Fernández a Torres-Rivas evidencia esto último. La crítica, por ejemplo, al abuso del concepto de élites, pareciera partir de que el uso local no cabe en el uso normado por la ciencia política europea y estadounidense. Sin embargo, es evidente que categorías incluso más amplias como oligarquía son útiles para análisis en Guatemala, que aparece de manera explícita en trabajos como Linaje y racismo o El ascenso de las élites industriales, y de manera más tácita en Imponiendo la democracia. Aquí vale la pena rescatar lo dicho por Foucault acerca de las prohibiciones en el discurso político: “Uno sabe que no tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa”. ¿Qué se oculta cuando se precisa el concepto de élite? ¿A quién se cubre cuando se prohíbe llamar “oligarquía” a la oligarquía?

En cualquier caso, es evidente que es necesario crear conceptos y categorías más precisas y pertinentes a la realidad guatemalteca. Esto requiere de tiempo, esfuerzo y recursos. En este sentido, no queda más que señalar la necesidad de que la agenda de investigación sea definida localmente. Una agenda propia, que parta de teoría local, requiere necesariamente un paso previo recopilación empírica: Estudiar los fenómenos sociales como son, y no como las ciencias sociales europeas dicen que son. Las universidades y el Estado tienen un papel importantísimo en esta solución, particularmente en un país en donde el financiamiento privado, cuando llega a la investigación en ciencias sociales, lo hace con una agenda conservadora y particularista. Mientras tanto, seguiremos intentando hacer lo que se puede (que es mucho) con lo que se tiene (que es poquísimo).

 

Fuentes

Blas, Ana Lucía y Hernández, Violeta (2014) ¿Por qué y cómo mejorar la investigación en Guatemala?. Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES) y Saber América Latina. Guatemala. Recuperado de http://www.asies.org.gt/sites/default/files/articulos/publicaciones/presentacion_1.pdf

Peet, Richard y Elaine Hartwick. 1991. Theories of Development. New York, The Guilford Press.

Foucault, Michel (1973). El orden del discurso. Tusquets Editores, México.

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Democratización y crecimiento económico como resultado de variables análogas. Un análisis comparativo entre Douglas North y Guillermo O’Donnell

El presente ensayo aborda el aporte teórico y metodológico de Guillermo O’Donnell sobre la relación entre institucionalidad informal, institucionalidad formal y consolidación de las nuevas poliarquías,, comparando su planteamiento con la explicación de Douglas North sobre la influencia de la institucionalidad en crecimiento económico. Se comparan ambos planteamientos sobre las variables de instituciones informales e instituciones formales, y la manera en que estas condicionan el resultado del crecimiento económico en North, y la consolidación de las poliarquías en O’Donnell. Como conclusión, se evalúa la posibilidad de utilizar la explicación de North sobre el crecimiento económico para complementar el planteamiento de O’Donnell sobre la poliarquía.
Guillermo O’Donnell, en Otra Institucionalización (1996) establece que para estudiar apropiadamente las poliarquías, y más específicamente su consolidación, es necesario tomar en cuenta tanto el grado de institucionalización formal (que, como regla general, es abordado cuando se estudia la consolidación de la democracia), como la existencia de instituciones no formales. Mientras que las instituciones formales son aquellas que están establecidas explícitamente en constituciones y legislación material, el concepto de institución informal se refiere a las pautas marcadas por el comportamiento recurrente de los individuos al relacionarse entre ellos y con las instituciones. (O’Donnell, 1996: 320)  Estas últimas no necesariamente se reflejan en –y a veces contradicen- las reglas formales. En este sentido, O’Donnell identifica dos factores que condicionan la consolidación de una poliarquía. El primero se refiere a la institución formal de las elecciones –cuyo indicador es el carácter intertemporal de las mismas-, y el segundo se refiere a una institución informal: el particularismo, que el mismo O’Donnell define como: una amplia gama de relaciones colectivas dirigidas a la satisfacción del interés individual que no son universalizables y que típicamente abarcan “el patrimonialismo, la prebenda, el patronazgo, el nepotismo, el empreguismo, la corrupción y el amiguismo”. (Orozco, 2004, 14)
La definición que O’Donnell utiliza para el concepto de particularismo, y el carácter de variable determinante que le otorga en cuanto a la institucionalización de la poliarquía, coincide con la utilización del concepto de “intercambio personal” por Douglas North, en una entrevista llevada a cabo para la revista Perspectiva (2004), en donde el problema que ocupa a North no es la poliarquía, sino el crecimiento económico. North, sin embargo, establece dos variables determinantes para el crecimiento económico que resultan situadas de manera similar a las que usa O’Donnell para explicar la consolidación de la poliarquía. North explica el crecimiento económico a partir de la existencia de instituciones formales –menciona la necesidad de un sistema legal fuerte y estable (Perspectiva, 2004: 34), pero condiciona la efectividad de las instituciones formales al previo establecimiento de reglas informales que sirvan de apoyo a las primeras (Perspectiva, 2004: 32). Para el caso de América Latina, Douglas North afirma que el intercambio personal, definido como: una clase de estructura de intercambio político y económico, pero que sólo funciona dentro de los miembros de una familia, o en muy pequeños grupos sociales que se fortalecen dejando de lado muchos sectores de la población.” (Perspectiva, 2004: 32) ha impedido la conformación de instituciones adaptadas al contrario del intercambio impersonal, necesario para el crecimiento económico.
Los razonamientos de North y de O’Donnell son análogos. Ambos se plantean explicar el surgimiento de lo “deseable” –la poliarquía consolidada o el crecimiento económico-, a partir de la identificación de instituciones formales e informales. Las similitudes entre las variables independientes utilizadas por ambos teóricos son resaltables. Mientras que el particularismo en O’Donnell encuentra su analogía en el intercambio personal en Douglas North, el universalismo –contrario del particularismo, valor al que se supone aspiran las normas formales de la poliarquía- es análogo al intercambio impersonal. Sin embargo, existe una distinción significativa en las explicaciones que cada uno da a sus respectivos problemas.
Douglas North hace una relación causa-efecto entre el tipo de intercambio que se da en la sociedad, como institución informal, y la efectividad de las instituciones formales. De la efectividad de las instituciones formales, sustentada por la existencia de instituciones informales favorables, se derivaría el crecimiento económico. O’Donnell, en cambio, no establece una relación causa-efecto entre instituciones informales y formales, sino que menciona que las mismas coexisten, y no evalúa la efectividad de las instituciones formales, sino que sitúa el problema sobre la concordancia entre lo establecido en la legislación y prácticas políticacs reales. (O’Donnell, 1996: 320)  Sin embargo, esta diferencia está más relacionada con la naturaleza de los objetivos de los dos documentos utilizados, dado que mientras que North atiende las relaciones de causalidad en un problema económico empírico, O’Donnell busca realizar un aporte teórico y metodológico para el estudio de las nuevas poliarquías.
El reto entonces es establecer si el razonamiento de North es aplicable al problema planteado por O’Donnell; es decir, si puede establecerse una relación de causa y efecto entre el carácter universalista o particularista de las prácticas políticas regulares, la efectividad de las reglas formales, y la consolidación de la poliarquía. Si se acepta el planteamiento de O’Donnell sobre el carácter antagónico del particularismo para con el paquete institucional de la poliarquía, y la importancia que tiene para la misma la preservación de la frontera público privada, característica de las viejas poliarquías (O’Donnell, 1996: 322), entonces se estaría afirmando que el acercamiento de las prácticas políticas –instituciones informales- al universalismo, que dota a reglas formales –que son por definición universalistas- de contenido y efectividad, es una condicionante para la consolidación de la poliarquía.
Bibliografía
O’Donnell, Guillermo (1996) Otra Institucionalización. Artículo aparecido en Nueva Sociedad 180-181, Jul-Ago / Sep-Oct 2002, pp 311-332. Consultado en: http://www.nuso.org/upload/anexos/foro_461.pdf
Orozco, Wistano (2004)  Consolidación e infraestructura institucional de la democracia Ponencia presentada en el Seminario en Latinoamérica de Teoría Constitucional y Política (SELA) 2004.
Revista Perspectiva, edición No. 5. (2004) Entrevista a Douglas North: “Lo que se necesita en América Latina es crear instituciones que produzcan crecimiento”. Consultado en http://www.revistaperspectiva.com/archivos/revista/No%205/10_produzcan_crecimiento.pdf