Prioridades de la reforma electoral (III)

En la columna anterior expresé que los puntos prioritarios de una eventual reforma electoral deben ser la democracia interna de los partidos, su financiamiento y el fortalecimiento del Tribunal Supremo Electoral. Hoy abordaré los dos primeros puntos, que están interrelacionados.

Para entender a qué nos referimos con “democracia interna”, vale la pena comparar el concepto de democracia con el menos conocido “plutocracia”. Si la democracia es la situación en la que la autoridad reside en el “pueblo”, o en “todos”, la plutocracia se da cuando la autoridad reside en los poderosos. Hay una situación plutocrática cuando aquellos actores con capacidad real de condicionar la conducta de los demás, usualmente por contar con acceso más inmediato a recursos, ostentan también un tipo de autoridad formal. Si por democracia entendemos el “poder de todos”, por plutocracia entendemos “el poder de los poderosos”. Actualmente, los partidos políticos guatemaltecos están en una situación plutocrática, no democrática.

Lo deseable es que los candidatos a cargos de elección popular y los directivos partidarios sean nombrados mediante procedimientos democráticos, pero, en la práctica, quienes tienen acceso a mayores recursos financieros o quienes tienen la posibilidad de usar la fuerza –grupos corporativos y/o mafiosos– tienen una influencia desproporcionada sobre dicho nombramiento. Esto responde a dos causas: el alto costo de las campañas políticas y la ausencia de controles sobre el actuar de las autoridades partidarias. La combinación de estas dos variables resulta en partidos cuyos dirigentes subastan las candidaturas a cargos de elección popular en beneficio de quienes puedan asumir el costo de una campaña política, sin que las bases puedan hacer algo al respecto. Para esto, las propuestas de solución incluyen financiamiento público y nuevos procedimientos internos. (Continuará).

Publicada en el Diario de Centroamérica, el 10 de julio de 2013