Elegir en Guatemala, elegir en Costa Rica

En Costa Rica el voto se considera un derecho; aquí, lo seguimos considerando una obligación.

El domingo se realizaron elecciones presidenciales y legislativas en Costa Rica. El resultado sorprendió. Luego de una campaña dominada con débil oposición por el Partido Liberación Nacional (PLN), actualmente en el Gobierno, el partido más favorecido en la elección presidencial fue el Partido Acción Ciudadana (PAC), quien postulaba a Luis Guillermo Solís. En tercer lugar quedó el Frente Amplio (FA), quien postulaba a José María Villalta, un candidato tan joven que en Guatemala tendría prohibido postularse, elegido por un partido marginal de izquierda. 

Existen grandes diferencias entre la democracia costarricense y la guatemalteca, pero hay una particularmente ilustrativa. En Costa Rica las encuestas indicaban una intención de voto ampliamente mayoritaria para Johnny Araya, candidato presidencial del PLN. Su victoria,  a los ojos de un espectador externo, parecía segura, anclada en la mayoría de votantes ticos que se suponía buscaba seguridad y estabilidad. En segundo lugar, Villalta  parecía el único capaz de obstaculizar la continuidad oficial, capitalizando el voto de descontento contra los partidos tradicionales. 

La disputa se resolvió en el punto medio: Solís, del PAC, un partido que surgió como una escisión del PLN, manifestando descontento con los partidos llamados tradicionales, pero que luego de tres elecciones, algunas relativamente exitosas, no puede considerarse “antisistema”.  

Desde Guatemala, muchos se volcaron en contra de las encuestas: Que los resultados fueron tan distintos a la intención de voto comunicada por los medios de comunicación es la prueba irrefutable de que las encuestas son manipuladas, compradas, o simplemente mal hechas. Falso. 

Las encuestas no pronostican un resultado; reflejan la intención de voto en un momento determinado. En Costa Rica, esta intención de voto cambió en repetidas ocasiones a lo largo de la campaña, indicativo de una ciudadanía que no regala su voto de manera irreflexiva. Contrasta mucho con nuestra realidad, en donde dos años antes de las elecciones, ya sabemos a quién “le toca”.  
Esta diferencia, superficial, podría ser indicativa de contrastes más profundos. Mientras en Costa Rica los ciudadanos se sienten dueños de su voto, y lo ejercen como un derecho, en Guatemala seguimos insistiendo en que el voto es una “obligación”, y el “ya le toca” pareciera indicar que vemos el resultado electoral como algo ajeno, sobre lo cual no tenemos control.

Columna publicada en el Diario de Centroamérica el 05 de febrero de 2013